Pedro Giménez

Son muchas las virtudes que tiene que tener un cantautor que se precie para conseguir llegar al gran público: talento, pasión, madurez musical... Sin embargo, pocas son las veces que, de entre todas ellas, podamos destacar la paciencia. Pedro en cambio ha esperado pacientemente éste momento, cada canción de este disco ha sido cocinada a fuego lento, como su propia carrera; al fuego lento de las noches de bar, del directo más puro, del desnudo del acústico más básico y los aplausos, que, sumados noche a noche, llegan a miles.

Pedro es como un buen vino reposado, dejado respirar, con cuerpo y personalidad propia. Esto es fácilmente observable en cada tema.

Las letras son sinceras y directas, escritas en el lenguaje de la gente sencilla con sentimientos complejos.Se respira calle en todos los poros del disco, olor a barrio obrero en una suite de lujo, contrastes de emociones, baladas románticas, canciones desgarradoras, momentos alegres y cruda cotidianidad.

Sin duda, Tato Latorre ha sabido mezclar a la perfección cada ingrediente para que Pedro no perdiese ni pizca de identidad: aire flamenquito, con su alegría y su llanto. Una voz rota y única. Unas canciones en su punto y ese plato perfecto que siempre te deja buen sabor de boca y ganas de repetir.

Pedro Giménez hará que te preguntes dónde ha estado hasta ahora.